La copa más resbalosa

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La versión 2015 del más importante torneo continental asoma con una gran esperanza para la selección chilena. Pero la historia y el potencial de los rivales juegan en contra.

Por Julio Salviat W. / El Ágora

La Copa América de 2015 parece estar muy lejos, y está demasiado cerca. A siete meses y medio del partido inaugural, fijado para el 11 de junio, dos sedes están en peligro por el atraso de las obras en los estadios de Concepción y Valparaíso, mientras el equipo que defenderá los colores nacionales tendrá pocas oportunidades –menos que en el Mundial reciente – para ajustar sus piezas y justificar la condición de favorito que se le ha endilgado. El optimismo que despertó la mano de Jorge Luis Sampaoli en la parte final de las Clasificatorias para Brasil, y en las dos primeras actuaciones mundialistas, disminuyó un buen poco tras los últimos partidos que disputó en ese torneo. Impotente ante Holanda e infortunada ante Brasil, la Selección Chilena llegó hasta el mismo lugar al que había accedido con Nelson Acosta en Francia ‘98 y con Marcelo Bielsa en Sudáfrica 2010. La diferencia estuvo, única y exclusivamente, en que no terminó goleado como en las ediciones anteriores.Entonces, la pregunta surge solita: ¿será esta Copa América el escenario para la consagración definitiva?

HISTORIA AMARGA

Seis veces organizó Chile torneos sudamericanos, y nunca consiguió la corona. En 1920 fue cuarto entre cuatro; en 1926 y 1941, tercero entre cinco; en 1945, mejora: tercero entre siete; en 1955, lo mejor: segundo entre seis; en 1991, tercero en la liguilla final de cuatro. En todas esas ocasiones el optimismo era enorme. Y salvo el ’55, el porrazo fue duro.

De los primeros años no se puede criticar mucho: los futbolistas chilenos estaban en abierta desventaja frente a los argentinos y uruguayos, y la meta era empatarles o perder por poco. Normalmente lo consiguieron, pero los avances tardaron en concretarse.

Tal vez el más decepcionante fue el torneo de 1991. La Roja se preparó convenientemente y contó con una generación que prometía grandes éxitos. Ya había despuntado Iván Zamorano, mientras Hugo Rubio e Ivo Basay pasaban por sus mejores momentos, y Patricio Yáñez mantenía su calidad. Con ellos, Chile tenía un ataque formidable. Y el bloque posterior estaba constituido por casi los mismos que habían levantado la Copa América con Colo Colo: Gabriel Mendoza, Lizardo Garrido, Javier Margas, Eduardo Vilches y Jaime Pizarro; y si faltó alguno de ellos, ingresó Miguel Ramírez. En el arco estaba Patricio Toledo, también en gran forma, y el mediocampo se alternaban Nelson Parraguez, Jorge Contreras, Fabián Estay y Jaime Vera. Y con ese racimo de cracks, Chile fue tercero.

En 1955, en cambio, tuvo la Copa agarrada de una oreja. Le faltó un soplido porque era cosa de empatar con Argentina en el último partido, y lo perdió 1-0. Fue uno de los mejores equipos chilenos que ha tenido Chile en su historia. Misal Escuti había desplazado a Sergio Livingstone en el arco. La defensa la formaban Manuel Álvarez, Rodolfo Almeyda, Luis Vera e Isaac Carrasco; los hilos del mediocampo estaban a cargo de René Meléndez, Ramiro Cortés (a veces Eduardo Robledo y Sergio Espinoza), y el ataque era formidable: Enrique Hormazábal, Jorge Robledo, Manuel Muñoz y Jaime Ramírez.

Ese equipo le hizo siete goles a Ecuador (7-1), cinco a Perú (5-4) y a Paraguay (5-0), y dos a Uruguay (2- 2). Fue el equipo más demoledor del torneo (19 anotaciones) y Cua-Cuá Hormazábal compartió el título de goleador con el argentino Michelli (el verdugo en el partido final) y el peruano Gómez Sánchez, todos con seis anotaciones.

PUNTOS BORDEADOS

Las otras veces que Chile bordeó el título fueron en Montevideo ’56 y Buenos Aires ’87. En ambas ocasiones el título fue para los charrúas.

En 1956, aprovechando el vuelito y las experiencias del campeonato anterior, Chile presentó un equipo similar al que había sido subcampeón en Santiago. Y también resultó segundo (por diferencia de goles). La novedad más importante era la incorporación de Leonel Sánchez como puntero izquierdo (Jaime Ramírez ocupó la franja derecha, Enrique Hormazábal se constituyó en armador con René Meléndez y el marginado fue Jorge Robledo) y la aparición de Carlos Cubillos en el mediocampo, reemplazando a Luis Vera.

Ese equipo goleó 4-1 a Brasil en el debut, en una de las mejores exhibiciones brindadas por un equipo chileno en el extranjero. También le hizo cuatro a Perú (4-3) y dos a Paraguay (2-0). Cayó ante Argentina (0- 2) y los dueños de casa (1-2). En ambos campeonatos dirigió al equipo Luis Tirado, uno de los grandes gestores en el progreso del fútbol chileno.

El otro punto bordeado fue el de la selección dirigida por Orlando Aravena en Argentina. Ese plantel era la base para el Mundial de Italia y fue víctima de sus ambiciones desmedidas en las Clasificatorias, con Roberto Rojas con principal y nefasto protagonista.

La grandeza de ese equipo quedó demostrada en el 4-0 a Brasil, en Córdoba. Fue una noche mágica, con “el Cóndor” convertido en un muro infranqueable para artilleros como Careca, Romario y Müller, y con Juan Carlos Letelier e Ivo Basay como ilustres anotadores. En la defensa estaban Patricio Reyes, Fernando Astengo, Ricardo Toro y Luis Hormazábal; en el mediocampo, Jaime Pizarro, Patricio Mardones, Jorge Contreras y Héctor Puebla. En ese y otros partidos también jugaron Iván Zamorano, Jaime Vera y Sergio
Salgado.

Antes, Chile había vencido 2-0 a Venezuela. Y después (en tiempo suplementario) sacó del camino (2-1) a Colombia, que contaba con figuras como René Higuita, Carlos Valderrama y Bernardo Redín. Con esa victoria, la Roja se ganó el derecho de disputar la final. Y empezaron las equivocaciones de Orlando Aravena: mandó a guapear frente a los uruguayos. Es decir, llevó el partido al terreno que más les convenía a los charrúas.

Así, con un gol de Pablo Bengoechea, se perdió una ocasión impagable para que Chile se quedara con la esquiva Copa América.

ÚLTIMO BOLETO

Afirmada en una generación excepcional y una mano técnica cundidora, la Selección Chilena está en condiciones de ser gran animador en la Copa América que viene.

Pero, ¿está en condiciones de ganarla? Nada está perdido en el fútbol mientras no termine un partido. O un campeonato, en este caso. Pero las dificultades son, objetivamente, enormes. Para ser campeón hay que ganarles a Brasil, Argentina y Uruguay. Y no se pueden obviar las dificultades que ofrecen los partidos con México, Paraguay, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

La Copa América ha sido tan resbalosa porque, proporcionalmente, es mucho más competitiva y difícil que las de los otros continentes. Ya están nombrados los rivales serios: casi todos. Sólo Bolivia y Jamaica aparecen como débiles. En Europa, en cambio, encuentras equipos de juntas de vecinos, como Gibraltar, Macedonia, Luxemburgo, San Marino, Liechstentein, Andorra o Malta.

Hay buen plantel, adecuado sistema de juego, gente experimentada. Eso da la esperanza, tal vez como nunca, de que hay boleto premiado esta vez. Pero nada lo garantiza.