El tráfico de niños en pleno siglo XXI

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Barcelona se hizo de los servicios de Lionel Messi a un costo ínfimo cuando el argentino tenía apenas 13 años y su pase está tasado actualmente en 130 millones de euros. Los grandes clubes europeos sueñan hoy con encontrar un diamante parecido y para ello no titubean en fichar a talentos precoces de los países tercermundistas. Pero la apuesta esconde un drama: sólo uno de cada mil llega a jugar en Primera y en cambio son cientos los que, tras fracasar en el intento, deambulan por las calles de ciudades europeas mendigando, delinquiendo o desarrollando los más despreciados oficios.

Eduardo Bruna/ El Ágora

Nelson Bustamante tenía 14 años y se ganaba la vida en alguna calle santiaguina, haciendo malabarismos con el balón aprovechando la luz roja de un semáforo cuando fue “descubierto” por uno de los 5.200 agentes de jugadores que reconoce la FIFA. El tipo se sacó la lotería, vendiéndolo al Brescia de Italia en 30 mil dólares, pero del adolescente nunca más se supo: en la península vivió siempre solo y de pronto pareció tragárselo la tierra, porque nunca llegó a debutar en la Primera División del calcio. Aimar Centeno estuvo un poco más cerca de hacer realidad el sueño. El Real Madrid se lo llevó de 16 años luego de que el chico fuera el mejor en un reality televisivo de Argentina, donde tomaron parte 12 mil niños, pero en los primeros entrenamientos sufrió una lesión invalidante y entonces ocurrió lo que siempre sucede en estos casos: el club lo desechó y actualmente la ex promesa se gana la vida vendiendo gaseosas.

Desde el debut de Lionel Messi en Barcelona en noviembre de 2003, durante un partido amistoso frente al Porto, la fiebre de los grandes clubes europeos por contratar promesas provenientes de los países del llamado Tercer Mundo se ha desatado. Si antes ocurría esporádicamente y casi por casualidad, la captación de precoces talentos se ha transformado hoy en una verdadera industria que, más allá de las tibias regulaciones que ha impuesto la FIFA, exhibe la peor cara del fútbol. En la búsqueda del “nuevo Messi”, instituciones y agentes no se detienen ante nada, produciendo un verdadero tráfico de personas. Cuando el máximo organismo del fútbol no pudo seguir desentendiéndose de las críticas y prohibió la contratación de menores de países no europeos, los clubes poco demoraron en encontrar los resquicios para eludir las cortapisas: les ofrecieron contratos de trabajo a sus padres, instituyeron becas ficticias para los chicos o los contrataron directamente como jardineros, mozos o ayudantes de cocina.

Es que, captando al crack argentino cuando éste sólo tenía 13 años, el Barcelona no sólo se hizo con el que pocos años después se transformaría en el mejor jugador del mundo, sino que en una de sus principales fuentes de ingresos. Los títulos locales e internacionales que puede exhibir en los últimos años el club catalán se han sustentado en buena medida en lo que ha sido el fantástico aporte futbolístico del rosarino, Balón de Oro los años 2009, 2010, 2011 y 2012. Para el fisco español la presencia de Messi ha significado también un negocio redondo: en julio el jugador había saldado su deuda impositiva pagando 60 millones de euros, correspondientes a las declaraciones juradas de los años 2010, 2011, 2012 y 2013, además de las multas e intereses generados por el retraso. Con ese pago, Messi se había convertido ya en el mayor contribuyente de la historia de España, abonando al fisco más de 100 millones de euros a la fecha.

Sin embargo, cuando parecía que el temporal económico había quedado atrás para el argentino, el titular del Juzgado de Instrucción N° 3 de Gavá, Barcelona, la semana pasada lo imputó de otros tres delitos contra la Hacienda Pública, por presuntamente
defraudar 4,1 millones de euros en las declaraciones de Impuesto a la Renta de las personas físicas de los ejercicios de 2007, 2008 y 2009, burlando la tributación de los ingresos derivados de la cesión de los derechos de imagen a través de un entramado societario.

El magistrado entendió que el delantero del Barcelona no podía desconocer las actividades económicas que desarrollaban su padre, Jorge, y su representante, contradiciendo al fiscal de la causa, que apoyaba la posición de Messi y que consideraba que no existían pistas que probaran conocimiento del jugador respecto a la evasión impositiva que se estaba realizando. El juez entendió que se trataba de una opinión subjetiva por parte del fiscal que el futbolista “estuviera al margen de la gestión económica, contractual y tributaria de los ingresos que generaba”.